
Es triste que aun en pleno siglo XXI, se crea que el rol de las mujeres está relegado solo a procrear hijos y ser amas de casa. Desde tiempos antiguos la mujer ha sido vista según el concepto humanista, en segundo plano, y este concepto ha sido aprovechado por muchos hombres como la oportunidad para agredir, para dañar y hasta golpear a la mujer y hacer con ella lo que desee. Este punto de vista hace caer en un machismo extremo. Los griegos practicaban lo que ahora se conoce como machismo, para ellos era la falocracia, el dominio masculino en todos los aspectos de la sociedad, incluso, cuando apareció el concepto de democracia en el siglo V antes de Cristo en la Atenas de Pericles, esta aplicaba solo para los hombres nobles, no para sus mujeres, niños y esclavos.
Esta herencia griega llega hasta nuestros días, a tal grado que la mujer sigue siendo vista como un objeto sexual, y que existe solo para complacer al hombre. El colmo es que en el mundo musulmán las niñas son dadas en matrimonio en edades entre 6 y 9 años, según El Centro Internacional para la Investigación de la Mujer estiman que actualmente hay 51 millones de niñas novias en nuestro planeta, casi todas viven en países musulmanes. 29% de esas niñas novias son regularmente golpeadas y abusadas por sus esposos en Egipto; 26% reciben abusos similares en Jordania. Cada año, tres millones de niñas musulmanas son sometidas a mutilación genital (extirpación del clítoris) de acuerdo con la UNICEF.
Pero lo más lamentable es que la iglesia cristiana no ha dado el lugar que le corresponde a la mujer y muchos que dicen que han nacido de nuevo, sus mentes siguen con paradigmas en contra de ella, toman el término sumisión como sinónimo de empleada domestica o sirvienta exclusiva del hombre. Dios diseñó a la mujer para ser ayuda idónea y para que fuese amada y tratada de una manera especial.
En el contexto del siglo I, con sus grandes desigualdades entre hombres y mujeres, el autor de esta carta desafía al marido a manifestar el carácter de Cristo en un amor y entrega para el bien de la mujer. Este trato preferencial del marido hacia la esposa lo convierte en fuente de vida para ella. Esta relación se plasma en la figura del marido: cabeza de la mujer
En I Pedro 3: 7 se pide al esposo cristiano que trate a su mujer con consideración y honor, como coheredera de la gracia.
La escritura emancipó a la mujer y cuando habla de conocer la verdad y de ser libres, no solo es para los hombres, sino también para las mujeres.
Así que las mujeres somos coherederas de la gracia y eso nos pone en igual condición entre hombres y mujeres.
Maravilloso es Dios que nos trata de una manera especial y sin acepción.
Con amor para ti y para mí…
Bibliografía:
Biblia Reina Valera 1960
Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia de Wilton M. Nelson y Juan Rojas Mayo.