consejos prácticos para la familia y la juventud. LUISA LOIDA TORRES QUINTANILLA
jueves, 31 de diciembre de 2009
MUCHO QUE AGREDECER EN ÉSTE ÚLTIMO DIA DEL AÑO...
sábado, 26 de diciembre de 2009
¿CREES QUE LO QUE HACES ES EN VANO? ENTONCES LEE ESTA HISTORIA...

Gálatas 6:9 No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.
Dos matrimonios de jóvenes misioneros decidieron ir a servir en el Congo Belga; sin embargo, pese a las expectativas, los fracasos le sucedieron, con saldo de muerte y desolación. Pero una semilla quedó guardada en el corazón de un muchacho negro...
Un grano de trigo cae en el Congo
Por el año 1921, David y Svea Flood, una pareja de misioneros, viajó con su hijo de dos años desde Suecia hasta el centro de África, a lo que en ese entonces se conocía como el Congo Belga. Allí se encontraron con los Ericksons - Joel y Bertha -, otra pareja joven escandinava, y los cuatro comenzaron a buscar juntos la dirección de Dios. En esa época de sensibilidad, devoción y sacrificio, sintieron que Dios los estaba guiando a dejar el sitio principal de la misión y llevar el evangelio a un área remota del país.
Fracasos y desgracias
Este fue un gran paso de fe. Luego de adentrarse cien millas al interior de la selva a filo de machete, llegaron al pueblo de N’dolera. Allí fueron rechazados por el jefe, que no les permitió entrar a su dominio por temor a enojar a los dioses locales. Ellos buscaron otras aldeas, pero también fueron rechazados. Las dos parejas optaron entonces por subir a un kilómetro y medio por la cuesta de una montaña hasta llegar a un lugar donde pudieron construir sus propias chozas de barro. Oraron para que hubiera un avivamiento espiritual, pero no hubo ninguno ... El único contacto que tuvieron con los habitantes fue con un muchacho joven, a quien se le permitía venderles a los misioneros frutas, huevos y gallinas dos veces por semana.
Svea –una mujer diminuta de solamente un metro veinte de estatura– decidió que si éste era el único africano con quien iba a poder hablar, procuraría guiar al muchacho a Jesús. Y de hecho, tuvo éxito.
Pero no había otros incentivos para seguir adelante. Mientras tanto la malaria atacaba a los miembros del pequeño grupo, uno tras otro. Con el tiempo, los Ericksons decidieron que habían sufrido lo suficiente y se fueron para volver al sitio donde estaba la misión central. David y Svea Flood se quedaron solos. No sólo eso, sino que pronto Svea quedó embarazada en esa tierra inculta y primitiva.
Cuando le llegó el tiempo de dar a luz, el jefe del pueblo tuvo suficiente compasión como para permitir que la ayudara una comadrona. Así nació una pequeña niña, a quien llamaron Aina.
Svea había estado débil antes del parto por los ataques de malaria que había sufrido. El parto la dejó agotada y sin resistencias. Sólo duró diecisiete días.
En ese momento, algo dentro de David murió. Cavó una sepultura, enterró a su esposa de 27 años de edad, y llevó a sus hijos al lugar donde estaba la misión. Le entregó su hija recién nacida a los Ericksons, y dijo amargamente:
— Me vuelvo a Suecia. He perdido a mi esposa, y es obvio que no puedo cuidar de esta bebé. Dios ha arruinado mi vida.
Con eso, partió hacia el puerto, rechazando no solamente su llamado, sino a Dios mismo.
Ocho meses más tarde, a los esposos Erickson les dio una enfermedad misteriosa, y murieron pocos días después el uno detrás del otro.
Un nuevo horizonte
La pequeña criatura fue entregada a unos misioneros americanos - Arthur y Anna Berg -, quienes le cambiaron el nombre a Aggie. Ella pasó gran parte de su infancia sola, y frecuentemente jugaba juegos imaginarios. Fingía que tenía cuatro hermanos y una hermana, y ponía la mesa para ellos y les conversaba. Ella simulaba que su hermana la buscaba. Cuando la niña tenía tres años de edad, la trajeron a los Estados Unidos.
Los misioneros llegaron a amar a la pequeña niña de todo corazón y temían llevarla de nuevo a África, por miedo a algún obstáculo legal que los pudiera separar de ella. Decidieron por eso quedarse en su país natal y dejar el campo misionero para ser pastores.
Fue así que Aggie se crió en Dakota del Sur, Estados Unidos. De joven, asistió al Colegio Bíblico North Central en Minneapolis. Allí conoció a un joven llamado Dewey Hurst, y se casó con él.
Pasaron los años. Los Hurst estaban gozando de un ministerio fructífero. Aggie dio a luz primero a una niña, y luego a un niño. Con el tiempo, su marido llegó a ser Presidente del Northwestern Bible College de Seattle, Washington, y a Aggie le intrigó el hecho de encontrar tanta herencia escandinava allí.
La cruz blanca
Un día apareció en su buzón una revista religiosa sueca.
Ella no tenia idea de quién pudo haberla mandado y, por supuesto, no podía leer las palabras. Pero al darle vuelta a las páginas, de repente se encontró con una foto que la dejó pasmada. Allí, en un lugar primitivo, había una tumba con una cruz blanca, y sobre la cruz las palabras SVEA FLOOD. Aggie se subió al auto y fue directo a un miembro de la facultad de la Universidad que podría traducir el articulo.
— ¿Qué dice esto? – le preguntó.
El instructor hizo un resumen de la historia. Se trataba de unos misioneros que llegaron a N’dolera mucho tiempo atrás... el nacimiento de una bebé blanca... la muerte de la madre joven... el pequeño muchacho africano que fue guiado a Cristo... y cómo, después que todos los blancos se fueron, el muchacho creció y por fin persuadió al jefe que lo dejara construir una escuela en el pueblo. El artículo decía que poco a poco ganó a todos los estudiantes para Cristo... los estudiantes guiaron a sus padres, en total unos seiscientos creyentes cristianos en ese pueblo...
En busca del padre
Aggie supo, además, que su padre se había casado con la hermana de su madre, y que habían tenido tres niños y una niña aparte de su hermano mayor David. Aggie realmente tuvo los cuatro hermanos y la hermana con quienes había soñado desde niña, y se propuso encontrarlos. Para el vigésimo quinto aniversario de las bodas de los Hurst, el colegio les regaló unas vacaciones a Suecia. Allí Aggie procuró encontrar a su padre, quien había derrochado su vida en el alcoholismo.
Hacia poco, había sufrido un ataque de apoplejía. Aún amargado, tenía una sola regla en su familia: «Nunca mencionen el nombre de Dios, porque Dios me quitó todo».
Cuando Aggie encontró a su hermana, le dijo:
— Toda mi vida había soñado contigo. Yo acostumbraba a extender un mapa del mundo; ponía un auto de juguete encima, y simulaba que viajaba por todas partes, buscándote.
Después de una reunión emocionante con sus hermanos, Aggie tocó el tema de ver a su padre. Los otros vacilaron.
— Puedes hablar con él - respondieron - aunque está muy enfermo ahora. Pero tienes que saber que cuando oye el nombre de Dios, se enfurece.
Aggie no se dio por vencida. Entró al apartamento sucio, donde había botellas de licor por todos lados, y se acercó al hombre de 73 años de edad, acostado en una cama desarreglada.
— Papá - dijo tímidamente -. Él se dio vuelta y empezó a llorar.
— Aina - dijo él - nunca fue mi intención entregarte.
— Está bien, papá - respondió ella tomándolo tiernamente en sus brazos - Dios cuidó de mí.
Al instante, el hombre se puso tenso. Las lágrimas cesaron.
— Dios se olvidó de todos nosotros. Esto nos ha pasado por causa de Él.
Luego de haber dicho esto, se dio vuelta con su rostro hacia la pared.
Aggie lo acarició y, sin temor, continuó:
— Papá, tengo una pequeña historia que contarte y no te estoy mintiendo. No fuiste al África en vano... Mamá no murió en vano... El pequeño muchacho que ganaste para Cristo creció y ganó al pueblo entero para Jesucristo... La pequeña semilla que sembraste siguió creciendo y creciendo. Hoy hay seiscientas personas africanas que están sirviendo al Señor porque fuiste fiel al llamado de Dios en tu vida... Papá, Jesús te ama. Él nunca te ha rechazado.
Aggie y su esposo pronto tuvieron que volver a EE.UU., y unas semanas más tarde, David Flood pasó a la eternidad.
El muchacho
Unos años después, los Hurst estaban asistiendo a una convención de evangelismo en la ciudad de Londres, en Inglaterra, donde oyeron un informe de la nación de Zaire (anteriormente Congo Belga). El Superintendente de la iglesia nacional, que estaba representando a unos 110.000 creyentes bautizados, habló elocuentemente de la propagación del evangelio en su nación. Aggie no pudo menos que preguntarle después si alguna vez había oído de David y Svea Flood.
— Sí, señora - respondió el hombre en inglés por medio de un traductor - Fue Svea Flood la que me guió a Jesucristo. Yo fui el muchacho que les llevaba comida a sus padres antes de que usted naciera. Incluso, hasta el día de hoy todos honramos la tumba de su madre y su memoria.
Él la abrazó y sollozó profundamente. Luego continuó:
— Tiene que venir al África para que vea con sus propios ojos.
El grano de trigo
Con el tiempo, eso fue exactamente lo que Aggie Hurst y su marido hicieron.
Al llegar, fueron recibidos por el gentío alegre del pueblo. Aggie también llegó a conocer al hombre que fue empleado por su padre muchos años atrás para bajar la montaña con ella en una hamaca que le servía de cuna.
Por supuesto que el momento más dramático fue cuando el pastor llevó a Aggie a ver por sí misma la cruz blanca de su madre. Ella se arrodilló junto a la cruz para orar y dar gracias a Dios.
Más tarde ese día, en la iglesia, el pastor leyó de Juan 12:24: «De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo. Pero si muere, lleva mucho fruto» Luego siguió con el Salmo 126:5: «Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán ...”
CON AMOR PARA TI Y PARA MÍ...
miércoles, 23 de diciembre de 2009
¿Quién eres Tú como hijo de Dios?

viernes, 11 de diciembre de 2009
SIGUE LA RUTA

En un hotel de San Salvador, en cierta ocasión se les ocurrió poner unas huellas que daban a un lugar determinado, éstas iban desde la entrada y eran muy visibles para todos, incluso en letras muy grandes decía “SIGUE LAS HUELLAS” muchos entraban y ni siquiera les ponían atención, otros empezaban a caminar sobre ellas pero luego se salían del trayecto, y seguían su propia ruta, pero una mujer leyó el letrero y empezó a caminar sobre las huellas, ella se miraba feliz, caminando sobre las pisadas, sus acompañantes se burlaban , pero ella estaba determinada a obedecer el letrero de la entrada. Sin darse cuenta las huellas llevaron a esta mujer a un lugar donde de repente sonó una especie de alarma, y para su sorpresa había muchas personas esperándola, incluyendo el gerente del hotel, el cual le dio la noticia que ella era la primera ganadora de “sigue las huellas”, y le dijeron que podía permanecer en el hotel el tiempo que quisiera, comer lo que se le antojara, ya que los gastos correrían a cuenta del hotel, y además ganó otros premios más. La obediencia de esta mujer ante la sencilla indicación de “SIGUE LAS HUELLAS” fue su recompensa y a la vez sirvió de lección para los que ni prestaron atención a las palabras de la entrada.
Igual sucede hoy en día, muchos saben que la Biblia es el mapa de la vida, pero no siguen las huellas trazadas por nuestro Salvador Jesucristo. Otros comienzan a caminar siguiendo las pisadas del maestro, pero se rinden y abandonan la ruta, alejándose más y más, sin darse cuenta que eso les costará la vida.
La Palabra de Dios dice en Proverbios:
“3:5 Fíate de Jehová de todo tu corazón,
Y no te apoyes en tu propia prudencia.
3:6 Reconócelo en todos tus caminos,
Y él enderezará tus veredas.
3:7 No seas sabio en tu propia opinión;
Teme a Jehová, y apártate del mal;
3:8 Porque será medicina a tu cuerpo,
Y refrigerio para tus huesos.”
Es necesario reconocer a Dios en todos nuestros caminos y el endereza nuestras veredas, y nos lleva por la senda recta, donde en lugar de muerte se encuentra vida y vida en abundancia.
Además el que camina alejado de Dios anda en oscuridad, no sabe que de pronto tropezará y caerá.
Proverbios 4:19 dice: El camino de los impíos es como la oscuridad;
No saben en qué tropiezan.
Por eso que Dios nos insta a seguir la senda recta y que nuestros ojos miren lo recto, por que esa es la dirección correcta escrita desde el corazón de nuestro Padre celestial, la cual nos apartará del mal.
Proverbios 4:25 Tus ojos miren lo recto,
Y diríjanse tus párpados hacia lo que tienes delante.
4:26 Examina la senda de tus pies,
Y todos tus caminos sean rectos.
4:27 No te desvíes a la derecha ni a la izquierda;
Aparta tu pie del mal.
Además seguir las huellas de nuestro Redentor, nos libran de caer en el Seol, como dice en Proverbios
15:24 El camino de la vida es hacia arriba al entendido,
Para apartarse del Seol abajo.
El mundo camina en tinieblas lamentablemente, ignoran los letreros y las señales de tránsito de la Palabra que les indican la ruta a seguir. Muchos creen que seguir filosofías, religiones orientales o vernaculares les llevan directo a la luz, sin darse cuenta que caminan como zombis de un lado a otro como barcos en alta mar sin piloto, para ellos es que la Palabra dice en Proverbios:
16:25 Hay camino que parece derecho al hombre,
Pero su fin es camino de muerte."

Es momento de hacer un alto en tu vida y sigue el sendero de Cristo, el del Camino derecho que te lleva a delicados pastos y te hace caminar por sendas de justicia, y que aunque andes por valles de sombras de muerte no temerás mal alguno, por que su vara y su cayado te infundirán aliento… Salmo 23
Sigue la Ruta de Cristo la de Juan 3: 16 y al final serás llamado bienaventurado y recibirás el premio, ya que habitarás junto al abrigo del Altísimo y morarás bajo la sombra del omnipotente. Además serás hospedado en el mejor hotel del mundo con todos los gastos pagados, es un hotel más lindo que uno de cinco estrellas, es toda una ciudad para que disfrutes de los manjares celestiales cuyo principal postre es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Apocalipsis 21:25 Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche.
21:26 Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella.
21:27 No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.
Ahora te pregunto ¿está tu nombre inscrito en el libro de la Vida? ¿no? pues sigue la ruta: Juan 3.16 … “Todo aquel que el cree no se pierda más tenga vida eterna…”
Si quieres recibir el galardón no te desvíes de la ruta.
Apocalipsis 22:7 ¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.
22:12 He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.
22:13 Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.
22:14 Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida,y para entrar por las puertas en la ciudad.
22:15 Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira.
“SIGUE LA RUTA”
CON AMOR PARA TI Y PARA MÍ

viernes, 4 de diciembre de 2009
DONDE NO HAY VISIÓN, EL PUEBLO SE EXTRAVÍA
